Un
código de ética para auditores internos parece innecesario. Después de todo, se
presume que los auditores internos por vocación o subsistencia viven y respiran moralidad. Su trabajo es
sostener la ética y la tranquilidad del orden en la organización.
La
mayoría de las veces las respuestas del auditor interno a los asuntos éticos y
técnicos dentro de la organización son
automáticos, mecánicos. Sin embargo, cuando surge un nuevo problema, o
un aspecto novedoso de un problema antiguo, no es capaz de formular o
reconsiderar sus posturas profesionales.
La
vida moderna de hoy en día afecta a todo lo que hacemos y somos. Esto significa
que nuestra toma de decisiones de índole moral y técnica muchas veces se ve afectada por las presiones
del mundo en que vivimos.
El
auditor interno que solamente busca la salida y no entiende el laberinto, y,
aunque la encuentre, siempre saldrá sin haber comprendido el contexto en el cual
se toman esas decisiones. No vivimos en el vacío, y mucho menos a la
hora de enfrentarnos a los problemas éticos y técnicos. La forma de ser del mundo y de la
gente es lo que a menudo plantea esas mismas situaciones.
Para
salir del laberinto del mundo de la auditoria interna paralizada, solo hay una
puerta, está dentro de cada auditor, la consciencia.
Todo
auditor interno debe ser consciente –despertarse-, ser un caballero, comprometido, activo,
benevolente, honrado, respetuoso, humilde, paciente, valiente, templado, diligente, laborioso, auto-motivado, libre, leal, eficaz, responsable, organizado y
saber comportarse en cualquier parte.
Cuando
un auditor interno es consciente no necesita que la élite automatizada fije
códigos éticos rígidos de conductas, principios, valores o normas mecanizadas,
que muchas veces no se sabe si es una guía o una meta.
Si
hay consciencia las cosas se hacen y su labor de auditor interno es hacerlas
bien en el menor tiempo posible, e ir más allá de las responsabilidades del
cargo.
Auditor
interno: De mucho más, agréguele a su cargo su toque personal de caballero y hágalo grande. Para ser un auditor ético,
hay que tener consciencia, conciencia, limpieza de pensamiento, sentimiento,
cuerpo, relaciones y acciones.
Para
tener calidad humana, hay que ser un señor, el mundo de la auditoria necesita
muchos caballeros éticos de verdad.
Reflexión del día
La rutina mata la creatividad
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